Leemos en El Confidencial que miles de fisioterapeutas formados en España se marchan a trabajar a Francia. No es casualidad: el sistema sanitario francés realiza más de dos millones de sesiones de fisioterapia al día y sigue necesitando profesionales. En España, en cambio, la realidad es otra: listas de espera, pocas sesiones y pacientes que muchas veces ni siquiera llegan a empezar tratamiento. La razón por la que allí funciona —y aquí no— tiene un nombre concreto: el reembolso.

En Francia, ir al fisioterapeuta es algo tan habitual como ir al médico de cabecera. El médico prescribe, el sistema paga – o reembolsa gran parte del coste- y el paciente acude. Sin más barreras. Eso explica la demanda, la integración real de la fisioterapia en el sistema sanitario, y por qué tantos fisioterapeutas españoles encuentran allí lo que aquí no: trabajo y reconocimiento.
En España la historia es otra. Existe cobertura pública, sí, pero el acceso es tan limitado que no cubre todas las necesidades ni llega a todos los pacientes que podrían beneficiarse de ella. Incluso cuando se consigue, las listas de espera se alargan y las sesiones suelen ser insuficientes. Cuando el tratamiento requiere continuidad, el paciente se enfrenta a una decisión complicada: pagar de su bolsillo en la privada o renunciar. Y muchos, sencillamente, no pueden.
Dos modelos, dos formas de entender la salud
La diferencia de fondo es una cuestión de enfoque. En Francia, la fisioterapia no es un complemento ni un lujo: es parte estructural del proceso de recuperación. El sistema la financia porque la entiende como inversión, no como gasto.
En España, en cambio, la fisioterapia sigue estando infravalorada e infrautilizada. Demasiadas veces se recurre antes al medicamento que a la terapia física, incluso cuando esta sería más eficaz, más duradera y, a medio plazo, más eficiente. El resultado es conocido: procesos que se alargan, pacientes que llegan tarde a la recuperación y patologías que se cronifican.
En Francia se previene y se recupera. En España, con demasiada frecuencia, se llega tarde, se cronifica y se medica.
El coste invisible de no apostar por la fisioterapia
La paradoja es evidente: España forma cada año a miles de fisioterapeutas —incluso a muchos franceses que vienen a estudiar aquí—, pero el sistema no los absorbe. Y muchos acaban cruzando la frontera, porque al otro lado sí encuentran un buen trabajo.
Mientras tanto, aquí se paga un precio silencioso: más bajas laborales, mayor gasto farmacéutico, más saturación en atención primaria y más problemas crónicos que podrían haberse evitado con intervención temprana.
La fisioterapia no es solo rehabilitación. Es prevención, es eficiencia y es ahorro para el sistema sanitario.
¿Y si España apostara por un modelo similar al francés?
Si España apostara por una cobertura de fisioterapia similar a la francesa —con reembolso real, prescripción médica integrada y mayor peso en el sistema—, los resultados serían predecibles: pacientes que se recuperan mejor y más rápido, menos cronificación de patologías evitables y un sistema sanitario más eficiente y menos saturado. No es una teoría: es un modelo que ya funciona.
La diferencia está en la decisión política
Los fisioterapeutas españoles son tan buenos como los franceses. Los pacientes tienen las mismas necesidades. Lo que cambia es lo que el sistema decide financiar, priorizar e integrar.
Francia tomó esa decisión hace tiempo. España aún está a tiempo de hacerlo. Pero cada año que pasa sin dar ese paso tiene un coste: en salud, en dinero y en profesionales que se van ante la falta de oportunidades en nuestro país.
Puedes leer el reportaje de El Confidencial aquí: ¿Qué hacen tantos 'fisios' españoles en Francia?




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